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Informacion temporada ski snow 2009
Piedra Parada

Un paseo imperdible al borde de la estepa patagónica con formaciones rocosas, fósiles, fauna autóctona, paisaje impactante y la posibilidad de caminatas a la vera del río Chubut.

 

Un lugar ideal para disfrutarlo durante todo el día a esta altura del año, donde se puede hacer un buen asado mientras observa el vuelo circular de los cóndores, avutardas y bandurrias sobre su cabeza.

Queda a 250 kilómetros al sur de El Bolsón con acceso pavimentado desde la Ruta Nacional 40 (cerca del aeropuerto de Esquel), y desde allí unos 80 kilómetros de camino consolidado (en muy buen estado) por la Ruta Provincial 12 desde la cordillera.

Durante el trayecto se avistan los ríos Lepa y Gualjaina, diversas especies de aves, guanacos, zorros, flamencos y choiques. También se puede visitar un par de sitios con pinturas rupestres dejadas por los pueblos antecesores de los tehuelches, hasta que se llega al paraje.

Como un capricho de la naturaleza, y dueño de un extraño influjo que atrae a las personas a develar sus secretos, aparece este promontorio aislado a la vera del río Chubut, de 285 metros de altura y 100 de base.

Es una formación de sílice, producto de la actividad volcánica que hubo en la zona hace 35.000.000 de años, hasta que un día se apagó y sus últimos fluidos incandescentes se solidificaron conformando la Piedra Parada. Se encuentra enclavada a pocos metros del Cañadón de la Buitrera y luce muy atractiva por los colores de las formaciones rocosas que la rodean, suaves serranías, cavernas y los infaltables álamos y sauces.

Los visitantes pueden realizar la caminata por el cañadón, en cuyo interior corre un pequeño arroyito.

Durante el paseo (de fácil acceso) se van topando con curiosas formaciones rocosas talladas por la naturaleza y bautizadas con nombres ilustrativos de acuerdo a su forma: la "Virgen de la Buitrera", el "Duende" o "El rostro del indio". Por supuesto que siempre visualizará otra piedra para que le asigne un título.

Allí también se aprecia la existencia de un alero donde hubo ocupación aborigen –datado en unos 5.100 años de antigüedad–, lo cual convierte a este lugar en un sitio de interés arqueológico y cultural.


Huellas del pasado

Los responsables de estos estudios son antropólogos del museo de la ciudad de La Plata, que han revelado rastros ciertos de esa cultura, como la existencia de una especie de camastros dentro de una de las cuevas, además de los huesos de los animales que atrapaban utilizando la misma formación rocosa como trampa.

El cañadón tiene seis kilómetros de largo, con paredes a ambos lados de hasta 100 metros de altura y con enormes farallones que emergen de la tierra que traen recuerdos del período jurásico.

La imaginación aporta sin complicaciones los dinosaurios y terodáctilos que no se ven, pero se intuyen.

A esta formación pétrea, que se asemeja a gigantescos altares, hay que dedicarle al menos unas cuatro horas. Contemplar cada recodo en soledad e incluso aprovechar el sitio para sacar excelentes fotografías desde el interior mismo de las cavernas son oportunidades para no dejar pasar. SIn dudas, se trata de una excursión inolvidable.